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viernes, 21 de febrero de 2014

ROMANCE "ABENÁMAR, ABENÁMAR"

— ¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho
mi madre me lo decía
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;  
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla .
—Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.

1. Explica la organización de las ideas en este romance.

El texto que vamos a analizar es un romance, formado por 46 versos octosílabos con rima asonante (ía) en los pares y los impares quedan sueltos.

El romance se inicia in media res, un comienzo muy habitual en el romancero, que consiste en empezar a contar los hechos por la mitad de la historia.  Por lo que podemos afirmar que este poema es, claramente, un romance-escena.

En cuanto al contenido, podemos observar que el texto se puede estructurar en dos partes, que corresponden a los dos diálogos que sostiene el rey.

1.       Diálogo entre Abenámar y el rey (deseo del rey de conquistar Granada y belleza de la ciudad):
1.1   exhortación del rey a Abenámar a responder a su pregunta con veracidad
           a) el moro promete cumplir.
1.2   el rey pregunta sobre la belleza de la ciudad
           b) el moro responde con una descripción exaltada

2.       Diálogo entre el rey y Granada (personificada)
2.1   Petición de matrimonio (deseo de conquista)
2.2   Rechazo de  Granada (aún sin conquistar)

 

ROMANCE "LA DERROTA DE DON RODRIGO"

Las huestes de Don Rodrigo   
desmayaban y huían
cuando en la octava batalla
sus enemigos vencían. 
Rodrigo deja sus tiendas                        
y del real se salía;                                         
solo va el desventurado,                             
que no lleva compañía
y el caballo, de cansado,
ya moverse no podía;
camina por donde quiere,
sin que él le estorbe la vía.
El rey va tan desmayado
que sentido no tenía;
Muerto va de sed y hambre,
que de verle era mancilla; 
iba tan rojo de sangre
que una brasa parecía.
La armas lleva abolladas, 
que eran de gran pedrería,
la espada lleva hecha sierra,
de los golpes que tenía,
y el casco, de abollado,
en la cabeza se hundía;
la cara llevaba hinchada,
del esfuerzo que sufría.
Se subió encima de un cerro,
el más alto que veía.
Desde allí mira a su gente,
cómo iba de vencida;
de allí mira las banderas
y estandartes que tenía,
cómo están todos pisados
que la tierra los cubría;
mira por los capitanes,
que ninguno parecía;
mira el campo, tinto en sangre,  
que como arroyos corría.
Él, triste por ver aquesto,
40 gran pena en sí tenía;
y llorando con sus ojos,
de esta manera decía:
- Ayer era rey de España,
hoy no lo soy de una villa;
ayer, villas y castillos,
hoy ninguno poseía;
ayer tenía criados
y gente que me servía,
hoy no me queda una almena
que pueda decir que es mía.
¡Desdichada fue la hora,
desdichado fue aquel día
en que nací y heredé
esta grande señoría,
pues lo habría de perder
todo junto y en un día!
¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes
y llevas esta alma mía
de aqueste cuerpo mezquino,
que te lo agradecería?

1. Explica la organización de las ideas en este romance.

El texto que vamos a analizar es un romance, formado por 60 versos octosílabos con rima asonante (ía) en los pares y los impares quedan sueltos.

Se trata de un romance in media res. Se centra en una escena concreta: el momento posterior a la derrota de la huestes de Don Rodrigo.

En cuanto al contenido, podemos observar que el texto se puede estructurar en dos partes que se corresponden con los dos tipos de discurso empleados en el texto: la narración y el diálogo.

(PARTE NARRATIVA)

1.       Derrota de Don Rodrigo (VV 1-4)
2.       El rey vaga derrotado, deambula entre los restos de la batalla (VV 5- 42):

2.1) Descripción de la imagen física y psíquica (aturdido) del rey –(VV 5-28). 
2.2) Observa el campo de batalla: (VV 29-42)
            a) sus soldados 
            b) las banderas
            c) capitanes

 (DIÁLOGO- VOZ DE DON RODRIGO)

3.       Lamento por la pérdida de su reino (VV 43-60)

3.1) Pierde sus posesiones (reino, criados y almenas) (VV 43- 50)
3.2) Lamento por haber nacido para heredar y perder su reino (VV 51-56)
3.3) Deseo de morir - Invocación a la muerte  (VV 57-60)

viernes, 7 de febrero de 2014

COMENTARIO CRÍTICO "Muerte en la carretera"

Muerte en la carretera

      Más de setenta muertos se han cobrado ya las carreteras. Y aún no ha mediado la Navidad. Ni ha llegado la noche horrenda con la que tantos parecen querer despedir un año y recibir otro luciendo todas las galas de su ruidosa vulgaridad y su estulticia. ¿Qué cifras tendremos el siete de enero? ¿Qué siniestro regalo de vidas truncadas, familias deshechas, amores y amistades rotas, nos dejarán este año los Reyes Malos de la velocidad y los coches? ¿Cuántas soledades no empezarán estos días? ¿Cuántas miradas de amor no tendrán como objeto más que las fotografías?

       Mueren los fumadores, víctimas de su placer. Mueren los bebedores y los drogadictos, víctimas de su insatisfacción. Mueren los enfermos, víctimas de males contra los que miles de científicos y médicos luchan a diario. Pero, ¿de qué es víctima quien muere en la carretera? ¿Del placer de la velocidad? ¿De la sensación de poder que da conducir una máquina poderosa y bella? ¿Del mal estado o trazado de las carreteras, o de fallos mecánicos? Éstos serían los menos. Tengo para mí que la mayoría muere a causa de la despreocupación y del azar. Serían síntomas que harían de esta muerte la más representativa de un estado de cosas en el que desde hace ya muchos años vivimos.

         Sobre el azar poco hay que decir. Sólo que la carretera le da más posibilidades de jugar con nosotros de las que ha tenido nunca: dos máquinas buscando una circunstancia en la que su encuentro sea mortal para quienes van en ellas. Algo fatídico, en lo que cuentan décimas de segundo. En cuanto a la despreocupación, creo que tiene que ver con un relativismo extremo, resuelto en un nihilismo de masas que quita todo valor a todo; con el mercado y el consumo como leyes universales, impuestas con más rigor de lo que ningún credo religioso o político lo fue jamás; con la transmutación de valores que se opera en el universo de la publicidad, según el cual sólo se puede ser consumiendo, porque sólo se es lo que se tiene; con un sentido enfermo y compulsivo del viaje, que ha desaparecido como tal –ir placentera y tranquilamente de un lugar a otro– para convertirse en apurada llegada a una meta; con la confusión entre lo importante y lo urgente; con una aceleración y una prisa –las más de las veces injustificadas– que apremian como demonios interiores.  

       ¿Cómo podrían evitarse estas muertes? No sólo con la mejora de las carreteras o la revisión de los coches –lo que, desde luego, rebajaría mucho su número–, sino sobre todo con esa forma de autoestima y de amor a los otros que, en los conductores, se llama prudencia. El problema es que, si lo primero se logra con una buena gestión de los recursos públicos y la debida atención a nuestros coches, lo segundo es más difícil. Porque se conduce como se vive, se vive como se es o como nos obligan a ser; y cambiar el ser –o las condiciones que lo determinan– es más difícil que cambiar el firme de una carretera o el aceite de un coche. Es una cuestión, sobre todo, de valores.
.


    Carlos Colón, en www.diariodesevilla.es (28 de diciembre de 2001)




COMENTARIO CRÍTICO


          Desde 1960 han muerto en nuestras carreteras una media de 1350 personas durante cada año, lo que nos da un total  de 71.550 víctimas mortales. Las causas de estas muertes se las podríamos achacar al mal estado de las carreteras; aunque nos equivocaríamos profundamente porque la principal causa de muerte en las carreteras somos nosotros mismo con nuestra despreocupación, y nuestro propio egoísmo, no nos importa la vida de los demás solo nos interesamos poder llegar lo antes posible. Y esto queramos o no es así, porque todos hemos dicho alguna vez: acelera en esta recta, si casi nunca hay coches o no me pongo el cinturón, si  total no vamos a tardar nada.

      Esta despreocupación viene de la mano de la actual sociedad nihilista cuyo único objetivo es consumir y consumir, ¿para qué? Para poder ser personas, porque lamentablemente en esta sociedad solo se mira lo que tienes y no lo que eres. ¿Y quién ha sido el culpable de este nihilismo? La publicidad, querido lector, que nos bombardea con sus anuncios cuando leemos un periódico, cuando navegamos por Internet o cuando vemos la tele. Convirtiendo en algo casi imposible  vivir un día sin ver un solo anuncio del nuevo móvil, el mejor coche, o la televisión con más canales. Otro gallo cantaría si en lugar de atormentarnos con sus sórdidos anuncios, los fabricantes dejaran de hacer publicidad y destinaran ese dinero a mejorar sus propios productos. Así pues,  si nos dejáramos de preocupar por consumir más que nuestro vecino  y atendiéramos  aun más a solidarizarnos con los demás, nos encontraríamos con la solución no solo del problema de la muerte en la carretera si no con la solución de otros muchos problemas (como por ejemplo la pobreza)

      Por ello si no nos preocupáramos tanto por llegar rápido y nos tomáramos más en serio la vida de los demás, os aseguro que las 1128 víctimas mortales del año pasado se reducirían como mínimo a la mitad. Así pues, si no corremos, no conducimos ebrios, nos ponemos el cinturón y, en definitiva, somos más prudentes, además de evitar nuestra propia muerte, evitaremos la de los demás. El problema aquí es que muchos conductores, afortunadamente la mayoría, si que conducen de forma responsable, pero existen otros que conducen de forma poco prudente, provocando este tipo de personas la mayor parte de esas 1128 muertes. Sería, por ello, muy importante que si no valoramos nuestra vida y nos da igual morir o vivir, tuviéramos consideración por aquellos que si aman la vida.

     En resumen,  el problema de las muertes  en la carretera tiene una solución simple, una disminución  de la despreocupación de cada uno de nosotros como miembros de la sociedad que se traduce en un aumento de la prudencia. Así, este concepto no solo lo deberíamos aplicar a la hora de conducir sino que lo deberíamos tener en cuenta en todos los aspectos de nuestra vida.

      Por último para terminar me gustaría finalizar con una frase de un famoso escritor del Siglo de Oro español llamado Baltasar Gracián, que resume muy bien esta idea de prudencia que vengo proponiendo a lo largo de este texto: “ Es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos’’


Alexis Béjar López 1ºBACH E (Ciencias)

miércoles, 18 de diciembre de 2013

ACTIVIDAD: COMENTARIO CRÍTICO

ACTIVIDAD PARA 1º DE BACHILLERATO:

Aquí os dejo el texto del que debéis realizar el comentario crítico. Lo podéis hacer en el propio blog como comentario. Si alguien lo prefiere, me lo puede mandar por correo o traerlo hecho el miércoles después de las Navidades (día 8 de enero del 2014)

TEXTO PERIODÍSTICO

Dos terceras partes de la población tiene un peso normal, de acuerdo a las normas médicas, pero prácticamente todos ellos quieren adelgazar. Si se trata de mujeres, aún más. La mitad de las chicas que vemos delgadas se ven a sí mismas gordas. Su ideal sería estar flacas. Lo flaco se opone a lo gordo como lo bello a lo feo, la liviandad se opone a la pesantez como el bien al mal. En otro tiempo las mujeres manifestaban con su cuerpo la condición de madres; con grasa y proteínas para proveer a los bebés. Ahora el modelo materno se incluye entre las gordas y, cuando el embarazo desaparece, la protagonista aspira a borrar de inmediato todo indicio de su anterior condición. En el mundo tan sólo un 2% de la población posee las medidas y el peso de las profesionales y los profesionales que desfilan en las pasarelas. Una modelo suele pesar entre 15 y 18 kilos menos que una mujer considerada normal. La consecuencia es que el modelo se hace de todo punto inalcanzable y la sensación de hallarse en falta cruza de un lado a otro la humanidad occidental. Estar gordo no puede estarlo siquiera el señor rico porque denota en su obesidad alguna ignominia, un gansterismo ominoso o un abuso despiadado de la explotación. El multimillonario no alude hoy, con su figura, a una bolsa repleta de oro sino a la idea genial, como de artista, que ha conseguido hechizar al público y atraer magnéticamente ingresos. Ingresos que, a su vez, no pesan, flotan, patinan, aparecen o se esfuman en las pantallas. Pero si la economía es intáctil, el capital ingrávido, las empresas transparentes, ¿cómo asombrarse de la obsesión por enflaquecer? El punto máximo de la elegancia es el hueso y todo aquello que se le adhiere debe cuidar de no hacerse notar. El estilo del mundo tiende a lo sucinto, al tono simplificado y digital: los aparatos ligeros, las comunicaciones sin cables, la música sin instrumentos, la gimnasia sin esfuerzo, la alimentación sin calorías, la realidad virtual. El peso parece de otra época mientras el siglo XXI se desarrolla en el aire, como una emanación de las cosas sin las cosas, como una voz de los volúmenes sin espesura, como una historia descargada de destino, un presente inconsútil y aligerado de más allá.

Vicente Verdú: “Delgadez”, en El País, febrero de 2004


martes, 25 de octubre de 2011

LA ALAMBRADA

A la medianoche de la noche más helada del año llegó, súbita, violenta, la orden de formar. Aquella era la noche más helada de ese año y de muchos años, y una niebla enemiga enmascaraba todo. A los gritos, a los culatazos, los presos fueron puestos de cara contra el cerco de alambre que rodeaba las barracas. Desde las torretas, los reflectores atravesaban la niebla y lentamente recorrían la larga hilera de uniformes grises, manos crispadas y cabezas rapadas a cero. Darse vuelta estaba prohibido. Los presos escucharon ruidos de botas en carrera y los metálicos sonidos del montaje de las ametralladoras. Después, silencio. En esos días, había corrido el rumor en la prisión:

-Nos van a matar a todos.

Marlo Dufort era uno de esos presos, y estaba sudando hielo. Tenía los brazos abiertos, como todos, con las manos agarrando la alambrada: como él estaba temblando, la alambrada estaba temblando. Tiemblo de frío, se dijo a sí mismo, y se lo repitió; y no se lo creyó. Y tuvo vergüenza de su miedo. Se sintió abochornado por aquel espectáculo que estaba dando ante sus compañeros. Y soltó las manos. Pero la alambrada siguió temblando. Sacudida por las manos de todos los demás, la alambrada siguió temblando. Y entonces, Marlo entendió.
Eduardo Galeano
Pág. 73, ejercicio 2:

A continuación vamos a analizar los rasgos que presenta este texto para determinar que pertenece al género narrativo.

En primer lugar hay que hablar del narrador, en este caso es omnisciente, focalización cero. En cuanto a los acontecimientos estos son reales y verosímiles: Mario Dufort es un preso que cuando está a punto de ser fusilado contra una alambrada, siente vergüenza de su miedo al sentir que el temblor de sus manos hace mover la alambrada pero cuando las quita esta continúa moviéndose y comprende que los presos sienten lo mismo que él.

El texto está dividido en tres partes:

- Planteamiento (líneas 1-8): el relato se sitúa en un marco espacio-temporal, aparecen los personajes y se esboza el conflicto.

- Nudo (líneas 9-12): se individualiza el problema en Mario y en sus sensaciones en una situación de extrema tensión emocional.

- Desenlace abierto (línea 13): Mario toma conciencia de la trascendencia personal y colectiva de la situación.

Entre los personajes, Mario es el protagonista y, además, por su relevancia es un personaje actante. Los presos y los soldados actúan como personajes secundarios y colectivos, además de fugaces. Ningún personaje es descrito psicológicamente con riqueza debido a la brevedad del microrrelato, ni evoluciona por lo que estamos ante personajes planos.

Para terminar nos centraremos en el marco. En cuanto al tiempo externo, los acontecimientos narrados pueden haber transcurridos en unos minutos. En el tiempo interno hallamos algunas elipsis (A la media noche, después), tiempo-escena (Nos van a matar a todos) y pausa (la descripción de las sensaciones que sintió Mario).

No existen referencias exactas sobre el lugar donde se desarrollan los acontecimientos narrados aunque se infiere que se trata de un lugar abierto, real y verosímil.

viernes, 14 de octubre de 2011

LOS TEXTOS LÍRICOS

No te tardes que me muero

No te tardes que me muero,
carcelero,
no te tardes que me muero.
Apresura tu venida
porque no pierda la vida,
que la fe no está perdida.
Carcelero,
no te tardes que me muero.
Bien sabes que la tardanza
trae gran desconfianza;
ven y cumple mi esperanza.
Carcelero,
no te tardes que me muero.
Sácame de esta cadena,
que recibo muy gran pena,
pues tu tardar me condena.
Carcelero,
no te tardes que me muero.
La primera vez que me viste
sin te vencer me venciste;
suéltame, pues me prendiste.
Carcelero,
no te tardes que me muero.
La llave para soltarme
ha de ser galardonarme,
proponiendo no olvidarme.
Carcelero,
no te tardes que me muero.
Y siempre cuando vivieres
haré lo que tú quisieres
si merced hacerme quieres.
Carcelero,
no te tardes que me muero

Juan de la Encina (s. XV)


JUSTIFICA EL CARÁCTER LÍRICO DEL SIGUIENTE TEXTO.

En este texto podemos encontrar los siguientes rasgos que nos demuestran que se trata de un texto lírico.

Como podemos observar se expresan los sentimientos del poeta, en este caso la angustia que siente el enamorado ante la tardanza de la amada. Se expresa en términos metafóricos siendo la cárcel el sentimiento amoroso; el carcelero, la amada y el propio poeta es el prisionero-enamorado a quién el paso del tiempo desespera aún más.

Predomina la función poética que se relaciona con el uso de distintos recursos literarios como la anáfora en los versos 1, 3, 8, 13, 18 23 y 28 (no te tardes), así como estructuras paralelísticas en varios versos que empiezan con un imperativo (verso 4, 9 y 16); también se emplean hipérboles: porque no pierda la vida (v. 5); metáforas: amada-carcelero, cadena-amor y el poliptoton: pierda –perdida (vv. 5,6) vencer-venciste (v.15). También se usa la función expresiva que muestra la subjetividad del poeta: que me muero (v. 8), haré lo que tú quisieres (v. 26) Destaca el uso de la función apelativa a través de los imperativos que aparecen al comienzo de algunos versos como ya mencionamos anteriormente.

El poeta escoge un tipo de estrofa y verso de corta extensión para concentrar la expresión de los sentimientos y elimina todo elemento que pueda distraer al receptor de su intención.

El texto carece de referencias espaciales y temporales concretas. Se alude a una cárcel simbólica que no posee un referente concreto. El tiempo es concebido de modo psicológico, como un elemento que acrecienta la desesperación del amante. Tampoco existe una trama argumental auque se presupone una historia de amor previa; lo que interesa es la expresión de los sentimientos del poeta y no la historia ocurrida.

La musicalidad y el ritmo se consiguen mediante la rima consonante, el empleo de una estructura métrica repetitiva de octosílabos y tetrasílabos, las anáforas y el uso del poliptoton.

Por último los tópicos que aquí nos podemos encontrar están relacionados con el tema amoroso. Destaca el mal de amores (No te tardes que me muero) junto con la queja del enamorado y la cárcel como amor.


miércoles, 5 de octubre de 2011

1. Explica en este texto las funciones del lenguaje. Recuerda explicarlas teniendo en cuenta sus marcas lingüísticas. Pon los ejemplos indicando la línea en la que se encuentran (para ello numera las líneas del texto)

—Dicen que es el fin del mundo —se lamentó un día Arnau al entrar en su casa—. Barcelona entera ha enloquecido. Los flagelantes, se hacen llamar. —María estaba de espaldas a él. Arnau se sentó a la espera de que su mujer lo descalzase y continuó hablando—:Van por las calles a cientos, con el torso descubierto, gritan que se acerca el día del juicio final, confiesan sus pecados a los cuatro vientos y se flagelan la espalda con látigos. Algunos la tienen en carne viva y continúan...—

Arnau acarició la cabeza de María, arrodillada frente a él. Ardía—. ¿Qué...?

Buscó la barbilla de su mujer con la mano. No podía ser. Ella no.

María levantó unos ojos vidriosos hacia él. Sudaba y tenía el rostro congestionado. Arnau intentó levantarle más la cabeza para verle el cuello, pero ella hizo un gesto de dolor.

—¡Tú no! —exclamó Arnau.

María, arrodillada, con las manos en las esparteñas de su esposo, miró fijamente a Arnau mientras las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.

—Dios, tú no. ¡Dios! —Arnau se arrodilló junto a ella.

—Vete, Arnau —balbuceó María —. No te quedes junto a mí.

Arnau intentó abrazarla, pero al cogerla por los hombros, María volvió a hacer una mueca de dolor.

—Ven —le dijo alzándola lo más suavemente que pudo. María, sollozando, volvió a insistir en que se fuera—. ¿Cómo voy a dejarte? Eres todo lo que tengo... ¡lo único que tengo! ¿Qué haría yo sin ti? Algunos se curan, María. Tú te curarás. Tú te curarás. —Intentando consolarla la llevó hasta la alcoba y la tumbó sobre la cama. Allí pudo ver su cuello, un cuello que recordó precioso y que ahora empezaba a ennegrecer—. ¡Un médico! —gritó abriendo la ventana y asomándose al balcón. Nadie pareció oírle. Sin embargo, aquella misma noche, cuando las bubas empezaban a adueñarse del cuello de María, alguien marcó su puerta con una cruz de cal.

Ildefonso Falcones, La catedral del Mar
RESPUESTA:
En este fragmento de La catedral del Mar de Ildefonso Falcones, podemos observar como se emplean las distintas funciones del lenguaje según la intención comunicativa. La función que predomina en este texto literario, como en todo texto literario, es la poética. El autor se centra en cómo trasmite su mensaje y no en lo que dice en sí. Para ello se selecciona el vocabulario, el orden de las oraciones, los recursos retóricos, se pretende evocar en el lector sensaciones, emociones, crear un mundo de ficción. Pero también podemos encontrar otras funciones como la expresiva, a lo largo del diálogo que mantienen María y Arnau, que se caracteriza por el empleo de la 1ª persona (¡lo único que tengo!, línea 25), adjetivos valorativos (ojos vidriosos, línea 9), uso de la modalidad exclamativa (¡Tú no!, en la línea 12; ¡Dios!, línea 15; ¡Un médico!, línea 23-24).
La función apelativa está presente en expresiones como Vete, Arnau (línea 16), Ven (línea 19) que emplean la 2ª persona, formas verbales en imperativo y vocativos; también a través de la modalidad interrogativa o exclamativa: ¿Cómo voy a dejarte?, línea 20; ¡Un médico!, línea 23-24.
Por último, encontramos algunos ejemplos de función fática en la línea 8, ¿qué...?; en la línea 15, ¡Dios! 

FUNCIONES DEL LENGUAJE

Comenta las funciones del lenguaje (ejercicio 14, página 21)  

Como podemos observar, en este fragmento de Eduardo Mendoza, se utilizan algunas de las funciones del lenguaje. En primer lugar, las funciones que prevalecen en este texto son: la expresiva, a través del empleo de la primera persona, adjetivos valorativos como en “Soy en tal caso afortunado” (línea 2) o verbos de percepción como “¡Qué sé yo!” (línea 19); la apelativa, en la que se emplea el imperativo como en “Permítame que me presente” (línea 3), uso de la modalidad interrogativas como ejemplo “¿Aceptaría usted...?” (línea 4) y la función poética empleando la metonimia, ejemplo “las malas lenguas” (línea 14) o la ironía como en la línea 11, “La aduana...ya me entiende”. También se emplean otras funciones como la metalingüística en la línea 10, empleando la lengua para esclarecer una duda : “Pentavín, vino común”; la función referencial, en la línea 2-3, donde se emplean oraciones enunciativas y objetivas: “he venido de muy lejos a conocerle a usted”. Por último, podemos observar el empleo de la función fática en la línea 1 donde se emplea una frase hecha: “Buenos días nos dé Dios”