jueves, 20 de marzo de 2014

COMENTARIO CRÍTICO: "San Manuel bueno, mártir"

Su vida era activa, y no contemplativa, huyendo cuanto podía de no tener nada que hacer. Cuando oía eso de que la ociosidad es la madre de todos los vicios, contestaba: «Y del peor de todos, que es el pensar ocioso». Y como yo le preguntara una vez qué es lo que con eso quería decir, me contestó: «Pensar ocioso es pensar para no hacer nada o pensar demasiado en lo que se ha hecho y no en lo que hay que hacer. A lo hecho pecho, y a otra cosa, que no hay peor que remordimiento sin enmienda». ¡Hacer!, ¡hacer! Bien comprendí yo ya desde entonces que don Manuel huía de pensar ocioso y a solas, que algún pensamiento le perseguía.

            Así es que estaba siempre ocupado, y no pocas veces en inventar ocupaciones. Escribía muy poco para sí, de tal modo que apenas nos ha dejado escritos o notas; mas, en cambio, hacía de memorialista para los demás, y a las madres, sobre todo, les redactaba las cartas para sus hijos ausentes.

            Trabajaba también manualmente, ayudando con sus brazos a ciertas labores del pueblo. En la temporada de trilla íbase a la era a trillar y aventar, y en tanto aleccionaba o distraía a los labradores, a quienes ayudaba en estas faenas. Sustituía a las veces a algún enfermo en su tarea. Un día del más crudo invierno se encontró con un niño, muertito de frío, a quien su padre le enviaba a recoger una res a larga distancia, en el monte.

            ─Mira -le dijo al niño-, vuélvete a casa a calentarte, y dile a tu padre que yo voy a hacer el encargo.

            Y al volver con la res se encontró con el padre, todo confuso, que iba a su encuentro. En invierno partía leña para los pobres. Cuando se secó aquel magnífico nogal -«un nogal matriarcal» le llamaba-, a cuya sombra había jugado de niño y con cuyas nueces se había durante tantos años regalado, pidió el tronco, se lo llevó a casa y, después de labrar en él seis tablas, que guardaba al pie de su lecho, hizo del resto leña para calentar a los pobres.

Miguel de Unamuno: San Manuel Bueno, mártir. 

Ejemplo de un comentario crítico hecho durante un examen de 2º de Bach.
¿Lo pasado, pasado está? Si así fuera no habría tantas preocupaciones de hechos posteriores que nos atormentan a día de hoy.
Somos seres sensibles y hasta la más mínima y absurda cosa nos afecta y nos hace sentirnos tan dolidos. No todo se borra y no de todo “nos reiremos al acordarnos”.
Puede ser que de nuestro sentido del ridículo dependa el nivel de aflicción hacia el recuerdo, pero todos tenemos alguno que nos marca, nos duele, y por él nos fustigamos. Y ¿para qué?, ¿para qué seguir lamentándose si “el pasado, pasado está”?
Ante todo, no somos robots, como a veces ya nos gustaría, por ello no calculaos qué hacer, cómo hacer o cómo decir algo en un momento dado. Somos espontáneos, sí, algunos más que otros. Pero absolutamente nadie nace con un planning de su vida. Actuamos tal y como ese órgano vital simbólico nos dicta, o como a no sé que hemisferio cerebral le parezca bien.
¿Será culpa de los sentimientos, eso de sentirnos perseguidos por recuerdos? ¿Tendrá una persona autista remordimientos, quebraderos de cabeza, fantasmas del pasado?
No siempre se puede evitar que los pensamientos te reconcoman, y aunque Don Manuel se mantenía ocupado en cuerpo y mente, ¿cómo se libraba de los sueños? Imposible librarse, a veces los sueños son una ventolera de recuerdos involuntaria, inesperada e incontrolable.
“Mente sana, cuerpo sano”. “Las enfermedades del pensamiento” llamaría yo a la ansiedad, la depresión, esos trastornos mentales, como no, todos deudores del juego del “comecocos”

Sarah Parra Martínez, 2º Bach. B

lunes, 17 de marzo de 2014

SEXTO LIBRO: La metamorfosis de Kafka

Si pincháis sobre el libro, accederéis al enlace para descargarlo.






Una metáfora de la vida: La metamorfosis, una obra escrita, en 1915, del puño de Franz Kafka, un escritor checo, hijo de padres judíos, que vivió los estragos de los inicios, así como el apogeo, de la primera guerra mundial.

Su vida no estuvo dotada de grandes hazañas, pues era tímido y antisocial; su padre ejercía un control absoluto sobre él, alejándolo así de su placer por la literatura, que sin embargo, más tarde logró recobrar. Kafka nos ha dejado grandes obras —entre ellas: EL proceso, La condena y América—, de las cuales La metamorfosis es una de las más reconocidas, ya que refleja indudablemente su vida bajo la fuerte influencia de su padre, y la crítica del régimen de aquéllos años en la Europa del Este.

La obra se ubica dentro del género narrativo, constituyendo un relato del realismo fantástico, con rasgos expresionistas y surrealistas. Durante toda la historia, el autor plasma situaciones no fuera de lo normal; sin embargo, un aspecto que lo hace formar parte de esta corriente es el elemento de la transformación que sufre el personaje principal.

El análisis del comportamiento y su contexto, así como la aparente decaída de Gregor y la frecuente presencia de un entorno templado, oscuro, privado de claridad, convierten al relato en un híbrido digno de la literatura.

En La metamorfosis, Franz Kafka aborda el tema del autoritarismo, mediante la historia de un viajante de comercio, llamado Gregor Samsa, el cual despierta una mañana transformado en un insecto, convirtiendo éste en un pecado que lo lleva a sufrir los más grandes sinsabores por parte de su familia, el trabajo y la sociedad. Después de diversos acontecimientos, el personaje principal termina de una manera trágica, mientras que su familia, lo más cercanos a él, toman este suceso como una liberación para seguir adelante con su vida.

El autor plantea, de una manera extraordinaria, su biografía, su sometimiento hacia su padre, dándonos a conocer las consecuencias y sentimientos experimentados bajo tal régimen autoritario, en donde el único error a cometer es haber nacido dentro de ese sistema. Asimismo, la obra en cuestión es una clase de crítica al gobierno de aquella época, plena de subordinación y autoritarismo, donde las cosas están ya predeterminadas sin explicación ni razón alguna —como se observa en el relato—, así como la inferioridad suscitada por el hecho de ser judío.



SOBRE EL AUTOR Y SU ÉPOCA



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ENLACES:

http://andrespr5.files.wordpress.com/2013/09/6-la-metamorfosis.pdf

http://lenguaieslaorden.wikispaces.com/file/view/La%20metamorfosis%2C%20de%20Franz%20Kafka.pdf/428993408/La%20metamorfosis%2C%20de%20Franz%20Kafka.pdf





miércoles, 12 de marzo de 2014

LA NARRATIVA EN LOS SIGLOS DE ORO

La prosa del siglo XVI

Dos tipos de prosa coexisten en este período: la que busca la naturalidad y rehuye la afectación y la que, al contrario, se complace en la complicación formal y la sintaxis retorcida en el énfasis que tomará en el Barroco.

En la novela gozaron del favor público los libros de caballerías, aunque la obra más importante de la narrativa del S.XVI es la novela titulada el Lazarillo de Tormes.Estelibro se público en 1554 en Burgos, en Alcalá de Henares y en Amberes, y al poco tiempo fue prohibido por la Inquisición, aunque siguió imprimiéndose en España entre 1556 y 1586.De autor anónimo, narra las peripecias de un pícaro cuyo único afán consiste en no pasar demasiada hambre. Está escrito en una lengua coloquial y realista. Algunos estudios sostienen la tesis de que con el Lazarillo, cuyo título completo es La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades, se inicia la novela picaresca.

 
La novela en el Barroco

En este período la novela española tiene una de sus épocas de florecimiento y llega a su apogeo con las obras de Mateo Alemán, Cervantes, Quevedo y Gracián. 

La novela picaresca, todavía en germen en el Lazarillo de Tormes, alcanza entonces la madurez con la obra de Mateo Alemán (1547-h. 1614) Guzmán de Alfarache, cuya primera parte aparece en 1599 y la segunda en 1604. De enfoque muy pesimista, las aventuras de héroe se entremezclan en la novela de Alemán con buen número de digresiones didácticas y con reflexiones de naturaleza moral y ética.