martes, 4 de febrero de 2014

El jugador

QUINTA LECTURA: El jugador de Dostoyevski

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El jugador. Feodor Dostoievski / 1866 / Novela psicológica / Rusia

Dostoievski elige la pasión por el juego para dibujar las miserias de un grupo de aristócratas y para plasmar el carácter ruso.

PEDRO G. CUARTANGO

El jugador, novela corta largamente meditada por Dostoievski y escrita en sólo un mes, es una lúcida y dolorida reflexión sobre el carácter ruso.

Alexei, el protagonista, es el preceptor —pobre, noble y honrado— de la familia del general Zargoryansky. Está enamorado de su hijastra Polina, pero no se atreve a confesar sus sentimientos. La catástrofe se produce cuando la tía del general pierde su fortuna en el casino en pocas horas y Zargoryansky ve alejarse sus esperanzas de heredar, quedando sumido en la desesperación.
Alexei juega compulsivamente a la ruleta y gana una fortuna, que luego pierde con la misma indiferencia con que amontona los billetes sobre el verde tapete. El preceptor, como Ralskolnikov y otros personajes presentes en otras obras de Dostoievski, no controla sus emociones. «Si pudiera dominarme durante una hora, sería capaz de cambiar mi destino», piensa mientras resuelve acudir al casino.

Es muy conocido que el escritor ruso sentía una irrefrenable pasión por el juego, que le condujo a contraer elevadas deudas y le obligó a abandonar su país, por miedo a la cárcel. El jugador tiene un cierto trasunto biográfico tanto por esta afición como por el amor frustrado del general por Blanche de Cominges, que describe probablemente los sentimientos frustrados del autor por su ex amante, Apolinaria Suslova, que le había abandonado tres años antes.
Pero esta magistral y brillante narración de Dostoievski es mucho más que un retrato de la pasión por el juego, como pretendía explícitamente el escritor ruso. La obra arroja una penetrante mirada sobre las interioridades del carácter ruso, contrapuesto al francés y al alemán, encarnados por dos personajes: De Grillet, un cínico e implacable prestamista, y Astley, un próspero y generoso millonario.

El general vive por encima de sus posibilidades una engañosa vida de fastos y lujo. La tía, rica e inconsciente, fustiga el comportamiento de su sobrino pero pierde su fortuna en la ruleta. Alexei siente un profundo complejo de inferioridad y busca en el juego un rápido enriquecimiento para conquistar a Polina.

Los tres personajes son profundamente fatalistas y piensan en un golpe de fortuna para salvar sus vidas. Pero finalmente las cosas se tuercen y los tres pierden sus esperanzas de ver realizados sus sueños. Ante el fracaso, se sumen en una indeferente aceptación del destino, que aceptan como una liberación.

Dostoievski no realiza un juicio moral sobre las conductas de sus personajes. Los describe y los comprende. Y, en cierta manera, los justifica porque son como él: nada se puede contra la mala suerte, una filosofía hondamente arraigada en el pueblo ruso.


Las clases sociales son inamovibles, el carácter personal no se puede cambiar, los individuos están determinados por los acontecimientos, el azar juega un papel esencial en la vida humana. Estas son las convicciones del pesimista que era Dostoievski, que saca de su propio dolor la fuente de su inspiración literaria.

SOBRE EL AUTOR Y LA ÉPOCA:

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ENLACE:

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domingo, 2 de febrero de 2014

UNIDAD 7: EL SIGLO XV


El siglo XV se define por su carácter de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna; es una época de cambios profundos en la que perduran elementos medievales y nacen otros que anuncian lo moderno o renacentista. La conciencia de crisis provoca un sentimiento de inseguridad y de pesimismo, ya que el mundo se concibe como un caos regido por el azar, o por la diosa Fortuna, la alegoría más representativa de la época. El periodo ha sido llamado “el otoño de la Edad Media”, expresión que manifiesta la crisis de los valores medievales, la descomposición de una sociedad que se había basado en la estricta división de los estamentos sociales, el poder de la Iglesia y los ideales religiosos y caballerescos.




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OBRAS: 

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domingo, 26 de enero de 2014

COMENTARIO DE TEXTO "MUERTE EN LA CARRETERA"


     Más de setenta muertos se han cobrado ya las carreteras. Y aún no ha mediado la Navidad. Ni ha llegado la noche horrenda con la que tantos parecen querer despedir un año y recibir otro luciendo todas las galas de su ruidosa vulgaridad y su estulticia. ¿Qué cifras tendremos el siete de enero? ¿Qué siniestro regalo de vidas truncadas, familias deshechas, amores y amistades rotas, nos dejarán este año los Reyes Malos de la velocidad y los coches? ¿Cuántas soledades no empezarán estos días? ¿Cuántas miradas de amor no tendrán como objeto más que las fotografías?

      Mueren los fumadores, víctimas de su placer. Mueren los bebedores y los drogadictos, víctimas de su insatisfacción. Mueren los enfermos, víctimas de males contra los que miles de científicos y médicos luchan a diario. Pero, ¿de qué es víctima quien muere en la carretera? ¿Del placer de la velocidad? ¿De la sensación de poder que da conducir una máquina poderosa y bella? ¿Del mal estado o trazado de las carreteras, o de fallos mecánicos? Éstos serían los menos. Tengo para mí que la mayoría muere a causa de la despreocupación y del azar. Serían síntomas que harían de esta muerte la más representativa de un estado de cosas en el que desde hace ya muchos años vivimos.

       Sobre el azar poco hay que decir. Sólo que la carretera le da más posibilidades de jugar con nosotros de las que ha tenido nunca: dos máquinas buscando una circunstancia en la que su encuentro sea mortal para quienes van en ellas. Algo fatídico, en lo que cuentan décimas de segundo. En cuanto a la despreocupación, creo que tiene que ver con un relativismo extremo, resuelto en un nihilismo de masas que quita todo valor a todo; con el mercado y el consumo como leyes universales, impuestas con más rigor de lo que ningún credo religioso o político lo fue jamás; con la transmutación de valores que se opera en el universo de la publicidad, según el cual sólo se puede ser consumiendo, porque sólo se es lo que se tiene; con un sentido enfermo y compulsivo del viaje, que ha desaparecido como tal –ir placentera y tranquilamente de un lugar a otro– para convertirse en apurada llegada a una meta; con la confusión entre lo importante y lo urgente; con una aceleración y una prisa –las más de las veces injustificadas– que apremian como demonios interiores.  

     ¿Cómo podrían evitarse estas muertes? No sólo con la mejora de las carreteras o la revisión de los coches –lo que, desde luego, rebajaría mucho su número–, sino sobre todo con esa forma de autoestima y de amor a los otros que, en los conductores, se llama prudencia. El problema es que, si lo primero se logra con una buena gestión de los recursos públicos y la debida atención a nuestros coches, lo segundo es más difícil. Porque se conduce como se vive, se vive como se es o como nos obligan a ser; y cambiar el ser –o las condiciones que lo determinan– es más difícil que cambiar el firme de una carretera o el aceite de un coche. Es una cuestión, sobre todo, de valores.


    Carlos Colón, en www.diariodesevilla.es (28 de diciembre de 2001).

1. TEMA Y RESUMEN:     
El tema principal, aunque no el más evidente, es lo que el autor denomina “nihilismo de masas que quita todo valor a todo”. En otras palabras, la despreocupación de los conductores, que puede llegar a producir accidentes en las carretera.

Resumen: 
Todos los años por Navidad, los accidentes de tráficos se cobran un gran número de víctimas. Las principales causas de esto son el azar y la despreocupación. Esta última, lleva al ser humano a quitarle valor a todo, lo que se une  al consumismo y a la aceleración injustificada impuesta a nuestra sociedad por la publicidad. Pero esta situación se podría solucionar, aunque no solo depende de la mejora de las carreteras sino que, en mayor medida, depende de un cambio de valores en nuestra sociedad: el amor a los otros, que se concreta en la prudencia.

2. ORGANIZACIÓN DE LAS IDEAS:

Se trata de un texto formado por 45 líneas divididas en cuatro párrafos de distinta extensión. El primer párrafo y parte del segundo se corresponden con la parte expositiva en la que se plantea el problema de las muertes en carretera. El resto del segundo párrafo y el tercero corresponden a la parte argumentativa, se exponen distintas causas que pueden llevar a estos accidentes. El cuarto y último párrafo son la conclusión y aquí es donde nos encontramos la tesis que defiende el autor.

En cuanto a las ideas se organizan en el texto de la siguiente manera: 
1.- El autor se pregunta por la cantidad de muertos que habrá durante las fiestas de la Navidad. (Líneas 1-9).
2.- Las causas de estas muertes por conducción son la despreocupación y al azar. (10-19).
3.- Se desarrolla lo dicho en el párrafo anterior (parte ARGUMENTATIVA).  (20-35).

         3.1. La carretera propicia que el azar sea una causa de muerte debido a causas                 impredecibles.
         3.2. Razones que convierten la despreocupación en causa de mortandad.
                   a) Se le quita valor a todo.
                   b) Mercado y consumo como leyes universales.
                   c) La publicidad como transmutadota de valores.
                   d) Sentido enfermo y compulsivo del viaje.
                   e) La aceleración y la prisa injustificadas.

4.- Se expone como medidas preventivas: (36-45).
        
         a) La mejora de las carreteras y puesta a punto de los coches.
         b) La prudencia: autoestima y amor a los otros (TESIS).

         4.1. Pero la autoestima es un logro de difícil acceso debido a la escasez de                       valores y condicionantes en el estilo de vida.


El texto presenta una estructura de tipo inductiva ya que la tesis o idea principal aparece al final del texto: apelación a la prudencia y a la autoestima.