domingo, 20 de abril de 2014
TEMA 10: EL TEATRO EN EL SIGLO DE ORO
sábado, 29 de marzo de 2014
COMENTARIO CRÍTICO: "Los girasoles ciegos"
Ahora lamento no haber dicho a mis
padres que el hermano Salvador me vigilaba, porque el día que se presentó en
casa de improviso no estaban prevenidos. Llegó dando patadas a la puerta y
gritando. Mi madre no tuvo más remedio que dejarle pasar. Recuerdo que la casa
estaba casi sin muebles porque se los estaba llevando gente desconocida por
razones que no me atrevía a preguntar pero que yo atribuía a su pobreza y no a
la nuestra.
Entró como una exhalación llamándome y no dejó de vociferar hasta que me
encontró en la cocina fingiendo leer Alicia en el País de las Maravillas.
Me preguntó cómo estaba, me arrancó el libro de las manos, me lo devolvió
inmediatamente y me pidió, sin esperar mi respuesta, que le dejara hablar un
momento con mi madre.
Durante muchos años me ha atormentado el remordimiento por haber invocado a
los leprosos para que se comieran a ese energúmeno que estaba haciendo daño a
mi madre, porque cuando acudí aterrorizado al oír sus gritos, vi cómo mi padre,
desangelado e impotente, se abalanzaba sobre el hermano Salvador que estaba a
horcajadas sobre ella, que se protegía el rostro con las manos para evitar el
aliento de aquel puerco que hocicaba en su escote. Mi padre había salido del
armario.
Alberto Méndez, Los girasoles ciegos.
Comentario crítico de un fragmento de la última derrota.
Años 30, plena Guerra Civil Española.
Una situación incómoda, tanto para pueblo como para autoridades españolas. Un
enfrentamiento. Dos bandos, el Republicano y el sublevado. Y más de 500.000
muertos, tanto civiles como militares. A parte de los grupos exiliados.
En esta
España de conflictos, las actividades sociales estaban casi prohibidas, debido
a los toques de queda y a los enfrentamientos callejeros. Apenas había gente en
la calle, ya que si había grupos de personas reunidas se podrían tomar
represalias contra ellos.
Esto me
lleva a pensar en el miedo, en el terror y sobre todo, en el silencio que
tuvieron que mantener miles de familias humildes y trabajadoras de España.
Silencio, esa es la palabra que no hacia falta nombrar a los maridos de las
esposas de entonces. Las mujeres, sabían perfectamente los comentarios y hechos
que convenía que supieran los vecino aledaños. Solo hacían saber a sus
convecinos la felicidad de su hogar, un hogar en el que se vivía felizmente y
sin problema alguno.
Estas mujeres
de antaño, madres de sus hijos y esposas de sus maridos, han ido evolucionando
con el tiempo a mejor, debido a los derechos y deberes que se les han concedido
con la Declaración de los Derechos Humanos. Dichas mujeres han ido sacando,
poco a poco, a la luz las acometidas de sus maridos, bueno, más o menos como
ahora.
Cierto es,
que los casos de violencia de género han ido descendiendo desde que nuestro
queridísimo Adolfo Suárez aprobó la ley del divorcio y así miles de matrimonios
con problemas pudieron separarse sin que los maridos pudieran causar males
mayores en su relación. Aún así, con esta opción de separación, miles de
mujeres, tanto españolas como extranjeras, han aguantado las acometidas de unos
maridos machistas anclados en la mentalidad del pasado.
No solo se
dan casos de violencia machista en matrimonios, sino que también, miles de
parejas jóvenes mantienen más o menos la misma situación. Hombres jóvenes, con
no más de 20 años, tienen los mismos comportamientos que tenían los hombres de
mediados del siglo XX. Y diréis, ¿por qué tienen estos comportamientos si no
vivieron la época? Pues es muy fácil de contestar, simplemente, por la
educación que se le ha dado y lo que han visto en su casa.
En
definitiva, a parte de que algunas personas, de verdad, tuvieran deficiencias
graves, todos estos asesinatos, acometidas, represalias, agresiones tanto
sexuales como físicas contra la mujer, todo esto, me parece el más claro
ejemplo de la sociedad, una sociedad en la que a los hijos los dejan a sus
suerte embobados con los móviles y aprendiendo de lo que ven, en vez, de ser
educados aparte de por los profesores, por sus propios padres. Luego, pasa lo
que pasa, que tienes a unos hijos descontrolados e impulsivos capaces de
hacer lo que sea por tener por completo el control de su hogar.
Al fin y al
cabo todo esto no pasaría si a los futuros integrantes de la sociedad se les
educara en condiciones. La base de una buena vida de un niño o un adolescente
es la educación y el respeto por y hacia los demás.
Alejandro Fuentes, 2º Bach. C
COMENTARIO CRÍTICO: "San Manuel bueno, mártir"
Así fui llegando a mis veinticuatro años, que es cuando volvió de
América, con un caudalillo ahorrado, mi hermano Lázaro. Llegó acá, a
Valverde de Lucerna, con el propósito de llevarnos a mí y a nuestra madre a
vivir a la ciudad, acaso a Madrid.
–En
la aldea –decía– se entontece, se embrutece y se empobrece uno.
Y
añadía:
–Civilización
es lo contrario de ruralización; ¡aldeanerías no!, que no hice que fueras al Colegio para que te pudras luego aquí, entre
estos zafios patanes.
Yo callaba, aún dispuesta a resistir la emigración; pero nuestra
madre, que pasaba ya de la sesentena, se opuso desde un principio. «¡A mi edad,
cambiar de aguas!», dijo primero; mas luego dio a conocer claramente que ella
no podría vivir fuera de la vista de su lago, de su montaña, y sobre todo de su
Don Manuel.
–¡Sois
como las gatas, que os apegáis a la casa! –repetía mi hermano.
Cuando se percató de todo el imperio que sobre el pueblo todo y en especial sobre
nosotras, sobre mi madre y sobre mí, ejercía el santo varón evangélico, se
irritó contra éste. Le pareció un ejemplo de la oscura teocracia en que él suponía hundida a España.
Y empezó a barbotar sin descanso todos los viejos lugares comunes
anticlericales y hasta antirreligiosos y progresistas que había traído renovados del Nuevo Mundo.
–En
esta España de calzonazos --decía– los curas manejan a las mujeres
y las mujeres a los hombres... ¡y luego el campo!, ¡el campo!, este campo
feudal ...
Para él, feudal era un término pavoroso; feudal y medieval eran
los dos calificativos que prodigaba cuando quería condenar algo.
Le desconcertaba el ningún efecto que sobre nosotras hacían sus
diatribas y el casi ningún efecto que hacían en el pueblo, donde se le oía con
respetuosa indiferencia. «A estos patanes no hay quien les conmueva». Pero como
era bueno por ser inteligente, pronto se dio cuenta de la clase de imperio que
Don Manuel ejercía sobre el pueblo, pronto se enteró de la obra del cura de su
aldea.
–¡No,
no es como los otros –decía–, es un santo!
Miguel de Unamuno, San Manuel Bueno, mártir.
Como bien dice
la frase “siempre tiene que haber un tonto en la sala” y, para no variar,
España siempre se lleva el máximo de los galardones. Coincido completamente con
las críticas de Lázaro hacia nuestra sociedad, pero en este comentario me
gustaría llegar un poco más lejos.
¿Por qué no se
conservan los maravillosos ideales de Platón y su “República”, su
intelectualismo moral o su teoría ético-política y sí se sigue conservando la
absoluta tiranía con la que el Gobierno o la Iglesia nos sigue manipulando como
a unas marionetas?
Y es que no
concibo un Gobierno en el que su líder no tenga estudios superiores o sepa
simplemente hablar inglés. Pero aún menos puedo entender cómo una “secta
salvaje” como es la Iglesia ha podido durante tantos y tantos años estar al
mando del poder y cometer tantos crímenes como lo ha hecho.
Recientemente
he estado en la Basílica de San Pedro del Vaticano e inevitablemente quedé
atónito ante su “Capilla Sixtina” o sus “Museos Vaticanos”, pero no pude
recapacitar sobre esas desmesuradas y el lugar de procedencia de esa
financiación para construirlas. Mientras había gente en la calle muriéndose de
hambre, ese bueno y caritativo clero seguía indiferente para no perder ni una
sola moneda para construir sus iglesias y monasterios.
Debido a esta
avaricia de la Iglesia y al continúo analfabetismo que hemos ido arrastrando
siglo tras siglo, no por culpa del obrero, sino por culta de los gobernantes
que desde un principio no proporcionó una buena educación al ciudadano para,
por otro lado, seguir abasteciéndose con sus riquezas, somos lo que somos y nos
merecemos nuestro actual grupo de zoquetes y perezosos.
Ojalá hubiera
habido desde un principio un grupo de personas, al poder ser intelectuales, que
con un poquito de cabeza y racionalidad, hubieran construido una España mejor,
basándose en el esfuerzo y la constancia, para que yo hubiera vivido en una
nación digna.
Pero la
realidad es la realidad, y solo espero que este deseo, que no se ha cumplido,
pueda llevarse a cabo de ahora en adelante, para que mis hijos y generaciones
próximas puedan vivir en una España justa, la España deseada.
Juan
Antonio Pérez Lorente, 2º Bach. C
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